Playa
sin sol.
Veintidós
de septiembre
muere
el verano.
Las
caracolas
arrastran
los amores
de
las sirenas
y
el desespero
ha
anidado en mi alma
sola
en el puerto.
Playa
sin sol.
Veintidós
de septiembre
muere
el verano.
Las
caracolas
arrastran
los amores
de
las sirenas
y
el desespero
ha
anidado en mi alma
sola
en el puerto.
El
arma letal ha llegado de lejanos territorios asolando Europa y Norteamérica.
Los
caídos son muchos, casi todos.
Las
listas reflejan día a día el número de muertos con una proporción geométrica
casi perfecta. El Primer Mundo sucumbe sin piedad ante la sindemia que
silenciosa está ejecutando su venganza ante la brutal situación de los países
explotados.
Muere
el verano
cuando
se esconde el amor
entre
las rocas
como
aquella sirena
que
sucumbió a tu voz.
Mientras
cantan los grillos
en
la laguna
espero
tras la puerta
que
no pases de largo.
y nadie lo quiere comprar.
Quiero cantarle a la luna
y nadie me va a callar.
Aunque no compren mi sueño
ni escuchen mi cantar
seguiré cantando y soñando,
que ya todo me da igual.