“Las
hojas muertas”
danzan
en el teclado
entre mis dedos
y
el gato silencioso
saluda
con la cola.
Azrael Adhara
“Las
hojas muertas”
danzan
en el teclado
entre mis dedos
y
el gato silencioso
saluda
con la cola.
Azrael Adhara
escondido en el patio,
nadan las carpas
mientras espero
silenciosa y serena
que llegues pronto.
Huele la tierra
a perfume de lluvia
como tu pelo.
Azrael Adhara
En
un lugar de la mancha de sangre encontrada en el peluche, técnicos del
laboratorio de dactiloscopia, ataviados con sus inmaculadas batas y sus
asépticos guantes, han encontrado una huella parcial y la han confrontado con
la base de datos de los ficheros informáticos policiales; pero “Clara” no ha
encontrado ninguna correspondencia.
Clara
con sus tres terabytes y sus tres generadores diésel de dieciocho cilindros no
ha sido capaz de encontrar datos del asesino, ni siquiera pistas que nos
permitan analizar su perfil.
Es
veintidós de septiembre, se muere el verano y un chiquillo llora desconsolado en la escena del crimen mientras
recibe el apoyo psicológico ofrecido por las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Es Alonso y no puede articular palabra. Tan chiquito y tan solo, gime encogido
entre tanta barbarie y los cuerpos sin vida de sus padres y de su hermana, esa
que llegó de otras tierras con su sonrisa nueva pendiente de estrenar.
… …
… … … …
Alonso
tiene siete años; y en la base de datos de Clara solo estamos los mayores de
catorce.
Azrael Adhara
Playa
sin sol.
Veintidós
de septiembre
muere
el verano.
Las
caracolas
arrastran
los amores
de
las sirenas
y
el desespero
ha
anidado en mi alma
sola
en el puerto.
El
arma letal ha llegado de lejanos territorios asolando Europa y Norteamérica.
Los
caídos son muchos, casi todos.
Las
listas reflejan día a día el número de muertos con una proporción geométrica
casi perfecta. El Primer Mundo sucumbe sin piedad ante la sindemia que
silenciosa está ejecutando su venganza ante la brutal situación de los países
explotados.
Muere
el verano
cuando
se esconde el amor
entre
las rocas
como
aquella sirena
que
sucumbió a tu voz.